Elucidario
Miró a ambos lados de su vida antes de hacerlo. Al cerrar los ojos, comprobó en su pecho desnudo que la mañana era perfecta, tímido sol de invierno y ligera brisa de poniente. Respiró profundamente y al exhalar desterró de su ànimo las últimas dudas. Abrió los ojos, esta vez era el mundo el que le observaba. Se aseguró de llevar bien atados los cordones de los zapatos y de llevar el reloj de pulsera en su hora.
Cuando por fin decidió saltar al vacío, lo encontró lleno.
Rubén Muñoz Cano
La Ribera de Molina,
Múrcia